Cómo tratar la diarrea vírica en niños

Por regla general, cuando sufrimos un episodio de diarrea, sabemos cómo debemos actuar para paliar los síntomas y sentirnos mejor lo antes posible. Sin embargo, siempre que se trata de niños, nos ponemos mucho más alerta ante cualquier tipo de síntoma o afección, incluida una tan común como es la diarrea de tipo vírica. Es normal que el sector infantil, que está muy expuesto, sufra de vez en cuando infecciones que, a pesar de ser una molestia, normalmente no suponen ningún tipo de riesgo si se llevan de la forma correcta.

A pesar de que la diarrea puede resultar un síntoma de otras afecciones (intolerancia o alergia a algún tipo de alimento, manifestación de otras enfermedades) las infecciones que producen la diarrea vírica o viral son muy comunes. Las causas del contagio son múltiples y pueden deberse a una gran cantidad de escenarios; normalmente su duración comprende unos pocos días en los que hay que asegurarse que, sobre todo, el niño o la niña en cuestión, esté bien hidratado, ya que la producción de heces líquidas típica de la diarrea supone una mayor pérdida de agua y de sales esenciales para el funcionamiento del organismo.

En el caso de los bebés, hay que tener en cuenta el momento en el que se produce un determinado tipo de heces que, si bien pueden ser inconsistentes, pueden resultar totalmente normales. Es el caso de los recién nacidos, los cuales durante las primeras semanas de vida pueden realizar diversas deposiciones denominadas diarreas prandiales que, a pesar de ser semilíquidas, son totalmente normales y no cabe alarmarse por ellas. Sin embargo, en niños de muy corta edad y en bebés es importante estar atentos ante la aparición de cualquier tipo de sintomatología de este tipo, o incluso consultar con un médico llegado el caso.

Las diarreas en niños pueden ser agudas, prolongadas o crónicas; en el primer caso no se extienden más allá de dos semanas, siendo intensas los primeros días y remitiendo el resto. Las de tipo prolongado se postergan entre las dos y las cuatro semanas, mientras que las crónicas superan este periodo de tiempo. Sin embargo, lo más común es que el episodio dure entre 3 y 7 días, periodo en el cual se va produciendo la mejoría. En cualquier caso, no es nada raro que la gastroenteritis se produzca de manera repentina, así como que vaya acompañada de otros síntomas asociados tales como náuseas, inapetencia, vómitos o incluso fiebre y dolor en el abdomen.

En cuanto a las medidas que se deben tomar en este tipo de casos, es necesario reiterar la necesidad de mantener al niño bien hidratado, ya que pueden aparecer complicaciones derivadas de la pérdida excesiva de agua y electrolitos. Algunos de los síntomas de la deshidratación incluyen observar que los ojos del pequeño están más hundidos de lo normal, la sequedad en la lengua, que llore sin lágrimas o la disminución de los niveles de orina. Controlar estos aspectos nos servirá para estar más alerta y detectar cualquier complicación.

Los niños con diarrea deben cuidar la actividad que realizan, incluso guardar reposo; no deben alimentarse con comidas que supongan un esfuerzo excesivo para el estómago y los intestinos, sino que es mejor seguir una dieta blanda a base de arroces, carnes a la plancha y otros alimentos recomendados. En las primeras fases de la diarrea, lo mejor es prescindir del consumo de azúcares simples y de grasas, ya que pueden producir un empeoramiento de los síntomas.